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LA LOTERIA EN EL BICENTENARIO



Agencia Financiera te cuenta cómo eran los sorteos en los comienzos del año 1820, apenas 10 años más tarde del 25 de mayo de 1810.

Lee la charla de José y su nieto contándole como era la diversión hace muchos años atrás.
A: ¿Sabías que la jugada que el abuelo hace en el almacén de Don Eduardo no era lo mismo hace varios años atrás?
N: No abuelo, ¿Y cómo era? A: Bueno antes a la jugada se la conocía como la ”cédula”. Con pocos centímetros de diámetro, este papel cuadrado y chiquito tenía escrito el número y en el dorso una contraseña.
N: ¿Una contraseña?
A: Si, así como lo escuchas, una contraseña.
N: ¿Y cómo es eso?

A: El cliente elegía la contraseña y el vendedor la anotaba a mano
N: ¿Y entonces?
A: Bueno, en un libro aparte escribía el nombre o la “señal” del dueño de la contraseña. Y así se jugaba.
N: ¿Y como se ganaba?
A: La cédula costaba un real plata, algo muy parecido a la actualidad y los premios generalmente eran de 8 o 10.
N: ¿Y cuánto era lo máximo que se podía ganar?
A: Unos trescientos pesos.
N: ¿ Y cuánto era eso?
A: A ver, retrocedamos unos años atrás y comparemos: si ganabas el premio mayor te podías comprar 15 sacos o 25 pantalones o 30 sombreros o 12 caballos, que en esa época era uno de los pocos medios de traslado.
La devoción por el juego existió siempre, por eso cuando corría el año 1820 ya se jugaba a la ruleta, aunque sea a escondidas. Además, Jugar a las cartas y a la Taba era el hobbie de muchos. No puede quedar afuera las apuestas de los muchachos por esos fornidos gallos que peleaban por ser el mejor en las riñas callejeras. Y el recuerdo de los caballos en las carreras también nos lleva a las variadas formas en las que se expresaba el juego en los tiempos de antaño, allá por la ciudad de Buenos Aires.
N: Guau ¿Y a la Lotería jugaban?
A: Claro, era una reunión multitudinaria. El pueblo se juntaba frente a la plaza y allí unos chicos como vos, ante la presencia de un supervisor, sacaban los números de una caja de madera y gritaban los números que salían a viva voz: “Aquí está la suerte señores”.